martes, diciembre 15, 2009

Pisar mierda

Hoy tenía previsto hablar de Kristina; va a ser que no. Hay acontecimientos prioritarios.
Podría haber titulado la crónica como “Me ha mirado un tuerto”, “Tengo la negra” o “No hay dos sin tres”. Si he optado por “Pisar mierda” es porque el significado es similar y porque el evento sucedió en el retrete.

A pesar de la preocupación de mi colega Rufino por la potencia de mi muelle mingitorio, nunca me he levantado de noche a mear. Dalr me llama la atención sobre mi utilización de los términos nunca y siempre; dice que ambos son demasiado tiempo. Dalr es académico; yo, como andaluz, soy exagerado y cuando digo “nunca” me refiero a “rara vez” y cuando digo “siempre” quiero decir “a menudo”. Obviando lo absoluto de estas palabras, continúo.
Nunca me levanto por la noche a mear; hasta hace varios meses en que, invariablemente, abro los ojos, observo que son las dos menos cuarto y que me estoy meando, y me arrastro hasta el retrete. Me siento de cara a la pared, apoyo los brazos en la mochila de la cisterna y hasta doy una cabezadita mientras lentamente me derramo. La distancia que separa mi lado de la cama de la taza del wáter es un camino plagado de minas antipersona. Está mi ropa sucia, las botas, el aparato ortopédico, un mueble rinconero, la traicionera esquina de la cama y un puff en medio de la recta de tribuna. Sin mi aparato ortopédico soy un trasto bastante inútil y, en vistas de que las dos menos cuarto se empeña en ser una hora decisiva en mis noches, me he acostumbrado a poner mis bastoncillos junto a la mesita de noche. Hasta he aprendido a encontrar el interruptor de la lámpara en medio de la oscuridad, lo que me proporciona luz hasta la entrada del retrete. Allí suele entrar algo de claridad por el postiguillo y no enciendo la luz: encuentro así la meada como más íntima. Esta noche, sin embargo, llovía y la oscuridad era total. Al llegar a la puerta he avanzado la mano para encender la luz del interior del recinto y he tropezado en el quicio de la puerta. Me es imposible describir la cantidad de movimientos subsiguientes; sí he notado que el cuerpo se me desplazaba hacia delante y el brazo izquierdo se apoyaba en el taburete que tenemos en el lavabo para sentarnos cuando nos lavamos o secamos los pies y que nunca usamos porque para eso están el bidet y la taza del wáter. El taburete se ha volcado y ha pegado directamente en la báscula de baño.
- ¡Ding, dong!
En ese mismo instante, mi rodilla izquierda tomaba tierra. He esperado unos segundos hasta sentir el dolor del golpe.
- ¡Error! –me ha escupido la báscula mientras mis sensaciones dolorosas alcanzaban su punto álgido y luego remitían-.
Quiosquera ha llegado asustada.
- ¡Tranquila! La cabeza me funciona y todavía tengo ganas de mear.
- ¿Te ayudo a levantarte?
- No, no. Ahora no estoy caído; estoy recuperando el resuello.

No he tenido problemas para levantarme; no he tenido problemas para mear. De hecho, mientras meaba, me he estado palpando la rodilla y no he encontrado ninguna zona dolorida. Me he metido en la cama y… a esperar.
Vuelvo a despertar algo después de las cinco e inicio la exploración de la zona afectada. El golpe me lo he dado en la parte derecha de la rodilla; ausencia absoluta de dolor. Uno que ya es experto en estas lides, ha desplazado la presión a las antípodas, es decir, a la parte posterior izquierda de la rodilla… ¡Bingo, ligamentos jodidos!

He vuelto a pasar por urgencias aunque me lo podía haber ahorrado. El último patinazo lo pegué al pisar un ejemplar de “Qué me dices”; arranque de la espina de la tibia, donde se apoya el ligamento cruzado, lesión que me dejó inútil para la práctica del fútbol. Esta vez la cosa es mucho más leve: pequeño derrame sinovial y esguince traumático. El traumatólogo, que entiende de rodillas, calcula una semana con la pierna en absoluto reposo y otra semana de apoyo progresivo; en quince días, nuevo. Yo, que entiendo mi rodilla, pronostico dos semanas de reposo absoluto, mes y medio de apoyo progresivo y doce o veinticuatro sesiones de recuperación, durante las cuales perderé grados al doblar la rodilla pero conseguiré poner la pata tiesa (que no es lo mismo que estirar la pata).
Total, que me temo que esta vez tampoco estaré en la final olímpica de los 100 m lisos.

lunes, diciembre 14, 2009

Domingueros hijoputas

Llegamos al quiosco un par de minutos después de las siete. Chispea. Hoy vengo de acompañante. Mi frágil salud de hierro (Shelley dixit) me ha tenido ocupado estos últimos días. Después de seis semanas de masajes, corrientes, tracciones y otras torturas menores, las vértebras C2, C3, C4, C5 y C6 continúan doloridas y, aunque han aumentado ligeramente su grado de rotación, se empeñan en llamar la atención cada vez que Quiosquero levanta un paquete de Vanguardias, se mete tras el mostrador para sacar los paquetes de la devolución de SGEL o se estira para coger el último ejemplar de WOMAN, agenda incluida, que reposa en el estante superior, casi tocando al techo del quiosco. El traumatólogo ha sido escueto y traumático.
- Si te digo que no levantes pesos ni alces los brazos por encima de la cabeza ¿me harás caso?
- Yo sí; mis clientes no. Se empeñarán en comprar aquello que más me obligue a estirarme.
- Entonces vamos aplicar tratamiento de choque. Si no funciona, ya sabes: método María Antonieta.
- ¿Que es…?
- Guillotina.
Me explica que no hay documentación sobre los efectos de la guillotina en las cervicales pero que la observación lleva a los expertos a colegir que, al aplicar el método, hay una intensa y momentánea subida del dolor y desaparece al cabo de unos segundos. Ningún paciente se ha quejado de secuelas posteriores.
Mientras tanto, el método de choque consiste en mantener reposo absoluto y, a base de inyecciones, intentar trasladar el dolor desde el pescuezo hasta el culo. Parece que va funcionando.
El miércoles ya había iniciado el tratamiento y acompañé a Quiosquera a su médico. A la salida me tiré el detalle de llevarla al trabajo. No llegamos. A medio camino noté el mordisco de la angina y cambié de destino sobre la marcha. Acabamos pasando siete horas en urgencias del Centro Vascular Sant Jordi. No había motivo de alarma; la angina podría ser consecuencia de un exceso de nervios o, simplemente, por el aire frío que me daba sobre el pecho mientras conducía el descapotable. Aun así, salí con una nueva pastilla para añadir a la colección. Quiosquera está empeñada en que desayune leche con cereales; desayuno leche con pastillas: los cereales no caben en la taza.

Vuelvo al presente. Son las siete y dos minutos y chispea. Mientras cierro las puertas del coche, Quiosquera se adelanta para hacer la inspección visual. La oigo hablar con alguien. Asomo la cabeza por la esquina y observo que ya han pasado los hijoputas de las siete menos cuarto: los diarios de Logística aparecen desperdigados sobre la acera. El agua de lluvia apenas llega al suelo pero ha conseguido formar un minúsculo charco. Ya no hay charco; está cubierto de periódicos. Quiosquera habla con el repartidor de Marina BCN; no los escucho. Intento rescatar los ejemplares que aún no se han ahogado. Tengo que desistir porque vuelvo a notar el mordisco de la angina sobre el esternón. Esta vez no es producto del frío ni de los nervios; sólo es un ataque de mala leche. Entre ahogados y desaparecidos, me faltan 4 Periódicos en catalán y 4 Sport; total, 9,80€ que me ha destrozado un hijoputa que se divierte mientras su santa madre duerme plácidamente, seguramente soñando con las excelencias del hijo que Dios le ha dado. Probablemente, Logística me pagará esos 8 diarios y sólo habré perdido el beneficio de la venta (no venta) porque El Periódico en catalán se ha agotado. Pero no es ese el caso.
Supongamos que llego al quiosco 15 minutos antes; supongamos que el hijoputa anda removiendo diarios; supongamos que consigo acercarme a él lo suficiente para tenerlo a tiro; supongamos que llevo una estaca; supongamos que le abro la cabeza… ¿quién es el hijoputa? La ley señala que, en ese caso, el hijoputa soy yo porque el daño que le infrinjo es superior al valor de lo que me está destrozando.
Volvamos la historia por perifrástica. Supongamos que el miércoles la angina de pecho es un infarto en toda regla; supongamos que no llevo 9€ en el bolsillo porque me los han mangado en periódicos y no puedo tomar un taxi; supongamos que la ambulancia tarda; supongamos que la palmo… Los 9,80€ que me ha destrozado el hijoputa tienen tanto valor como mi vida y bastante más valor que la suya.

Los domingos seguiré llegando un poco después de las siete. Para no tentar al diablo.

Quizás estas escaramuzas acaben cuando los quioscos incorporen el buzón previsto; me temo que no. En vista del desaguisado, el repartidor de Marina BCN había apilado su carga en un solo montón. Bien, bien, 1,80 m de altura; más los 70 cm de Logística, 2 metros y medio de diarios. ¿Qué tamaño ha de tener el buzón de un quiosco para contener las publicaciones de un fin de semana?

jueves, diciembre 10, 2009

Conjunción copulativa

La ignorancia es esa bendita virtud que nos hace pasar por la vida vanagloriándonos de ser los únicos responsables de nuestros logros y culpando a los demás de nuestros fracasos. Cuando, iniciado ya nuestro curriculum de vendedor de prensa, los entendidos nos advertían del puteo a que nos iban a someter las distribuidoras, solía sonreírme bajo el bigote. El quiosquero es el último eslabón en la cadena de distribución, el que está más cerca del cliente y el que más puede influir en que una publicación se venda o no; en definitiva, el quiosquero es el que remena les cireres.
Las primeras bofetadas no tardaron en llegar: albaranes incompletos, facturas que no cuadran, devoluciones que se pierden en el camino… Y uno, novato, alza la voz en plan gallito convencido de que lleva toda la razón y, como cliente, le asiste el derecho a hacer valer su palabra ante sus proveedores; nuevo revés que se estrella en los morros. “¡Estos distribuidores son unos hijoputas!”, es la exclamación lógica del vendedor cuando observa que no sólo no remena les cireres sino que le ha desaparecido hasta el lebrillo. Ante una agresión similar caben dos opciones:
a) Presentarse en la distribuidora, armar la de Dios es Cristo y acojonar al contrario.
b) Agachar la cabeza humildemente y suplicar benevolencia.

El que suscribe, falto de un físico que dé soporte a la opción a), hubo de conformarse con la segunda, que, dicho sea de paso, no vale para nada, y emprendió contactos tendentes a aliviar las agresiones a que era sometido. Aprendí que, no siempre, las distribuidoras eran el malo; me mostraron ejemplos de intentos de fraude por parte de mis colegas que no nos dejaban en muy buen lugar y que justificaban en parte que se nos apretase por el cuello. La gente con la que hablé eran profesionales que sabían de qué y con quién trataban pero los problemas siguieron sin solucionarse. Llegué a la conclusión que eran los escalafones inferiores de la cadena quienes fallaban; pobres curritos que no daban para más pero que a mí me costaban dinero. También ahí erraba. Cuando una reclamación no se ajustaba a la realidad, es decir, cuando yo estaba equivocado, los pobres e ignorantes curritos detectaban mi error con rapidez y documentaban su rehúse.

Fue entonces cuando me incliné por la indolencia. Gente, probablemente mal pagada, que hacía su trabajo sin ningún incentivo y que igual le daba ocho que ochenta. Alguna distribuidora me ha llegado a rehusar una reclamación en la que les decía que me estaban devolviendo más ejemplares de los que yo había mandado. O el responsable de verificar mi petición no vio el signo menos o no fue capaz de digerir que un quiosquero reclamase en su contra.
Puedo admitir que alguien intente robarme, soy capaz de entender que la ignorancia de los demás me cueste dinero, pero me cuesta un montón reconocer que mi economía depende de unas personas que no se toman en serio su trabajo, de unas personas que ni siquiera son capaces de poner un mínimo de atención cuando leen un documento de reclamación o pedido.

Ejemplo 1:
· Reclamación
En la factura 8200020 del 08/11/2009 se abonan 2 ejemplares del número 155 de FRANQUICIAS HOY. En realidad nosotros enviamos 1 ejemplar del número 155 y 1 ejemplar del número 154 (Albarán 944.10). Lo que comunicamos para que se tenga en cuenta cuando devolvamos el ejemplar que falta del citado número 155.
· Respuesta
Número de reclamación: 753730 Albarán: 941.5
Estimado cliente, una vez Analizada su Reclamación, hemos resuelto RECHAZAR las siguientes:
FRANQUICIAS HOY número 154: Reclamado 1; Aceptado 0.
Número de paquete 941.5
……
FRANQUICIAS HOY número 153: 1 ejemplar
FRANQUICIAS HOY número 154: 1 ejemplar
…….
Revisadas las entregas de esta publicación y estando abonado el total del envío, debemos rechazar los siguientes títulos:
FRANQUICIAS HOY número 153: Reclamado 1; Aceptado 0
CARGO: Factura 773955-Alb. 5617311, 2 ejem.//ABONO: Factura 788097-Alb. 3, 1 ejem. Factura 807956-Alb.9415, 1 ejem.

Mientras yo hablo de peras, la distribuidora habla de manzanas. No coincidimos ni en la factura reclamada, ni en el número de albarán, ni en la serie de la publicación.

Ejemplo 2:
· Pedido de atrasados.
Una de las batallas que los vendedores tenemos perdidas de antemano es la obtención de números atrasados donde, por una lado, el cliente nos exige cumplimiento y, por el otro, la distribuidora no nos hace puñetero caso.
Tengo dos clientes que están a la espera de unos números que les faltan para completar las respectivas colecciones que han seguido:
- C. DIBUJO Y PINTURA NUEVO, números 20, 32, 33 y 45.
- BICHOS, números 64 y 96.
Como quiera que, salvo el número 96 de BICHOS, ya hemos solicitado varias veces estos números, les ruego me digan si es posible obtenerlos a través de ustedes o qué camino debo seguir, dado que los clientes me exigen una respuesta.
· Respuesta.
Sobre C. DIBUJO Y PINTURA NUEVO, silencio administrativo.
ESTA ES LA RELACION DE TITULOS Y EJEMPLARES PENDIENTES DE REPONER
94356 BICHOS 64: 1 ejem.
94356 BICHOS 65: 1 ejem.
94356 BICHOS 66: 1 ejem.
94356 BICHOS 67: 1 ejem.
94356 BICHOS 68: 1 ejem.
94356 BICHOS 69: 1 ejem.
94356 BICHOS 70: 1 ejem.
94356 BICHOS 71: 1 ejem.
94356 BICHOS 72: 1 ejem.
94356 BICHOS 73: 1 ejem.
94356 BICHOS 74: 1 ejem.
94356 BICHOS 75: 1 ejem.
94356 BICHOS 76: 1 ejem.
94356 BICHOS 77: 1 ejem.
94356 BICHOS 78: 1 ejem.
94356 BICHOS 79: 1 ejem.
94356 BICHOS 80: 1 ejem.
94356 BICHOS 81: 1 ejem.
94356 BICHOS 82: 1 ejem.
94356 BICHOS 83: 1 ejem.
94356 BICHOS 84: 1 ejem.
94356 BICHOS 85: 1 ejem.
94356 BICHOS 86: 1 ejem.
94356 BICHOS 87: 1 ejem.
94356 BICHOS 88: 1 ejem.
94356 BICHOS 89: 1 ejem.
94356 BICHOS 90: 1 ejem.
94356 BICHOS 91: 1 ejem.
94356 BICHOS 92: 1 ejem.
94356 BICHOS 93: 1 ejem.
94356 BICHOS 94: 1 ejem.
94356 BICHOS 95: 1 ejem.
94356 BICHOS 96: 1 ejem.

Desde hace tiempo evito contestar de inmediato si no estoy muy de acuerdo con la información recibida; es meramente un ejercicio de autodefensa. Esta vez no me lo pensé y envié el siguiente fax:
Con fecha 23 de noviembre le remití el fax adjunto en el que pido 1 ejemplar de los números 20, 32, 33 y 45 de la, ya acabada, colección C. DIBUJO Y PINTURA NUEVO y 1 ejemplar de los números 64 Y 96 de la colección BICHOS.
Recibo la confirmación sólo del pedido de BICHOS pero del número 64 HASTA el 96.
Admito que ambos términos, Y y HASTA, son preposiciones pero sus significados son diferentes.

Me voy a la cama preocupado. Estoy seguro de haber hecho algo mal y no sé qué. Durante unos días me olvido del tema. Esta mañana, al archivar una nueva reclamación, he visto el fax que envié y lo he leído de nuevo:
… admito que ambos términos, Y y HASTA, son preposiciones…
¡Idiota! ¿Desde cuándo el término Y es una preposición? Por un momento he pensado que se me llevaban los demonios pero he encontrado una justificación: Como quiosquero estoy tan acostumbrado a que me den, que el subconsciente rechaza cualquier referencia a la cópula. Aunque, como en este caso, sea una conjunción.

P.D.
Mientras esto escribo, Salva me llama por teléfono.
- ¡Jefe, ya han llegado los BICHOS!
- ¿Cuántos?
- Una caja entera. Son 33.
- Coge los números 64 y 96 y échales de comer. Al resto lo metes en el corral (léase devolución).

viernes, diciembre 04, 2009

Complemento cicunstancial

Son las 12:30 cuando suena el teléfono.
- ¡Hola, jefe! –es Salva-. Tengo que darle una mala noticia.
- Dispara.
- El ordenador se ha parado tres veces.
- Pégale para que siga.
- No, yo le doy y el ventilador da vueltas pero luego se para. Ya lo intenté tres veces. ¿Qué hago?
- Apunta las ventas en la libreta y ya lo miraremos cuando yo vaya.

Habitualmente como a la una y a las dos estoy en el quiosco. Sospecho que me van a sentar mal los garbanzos; recojo el portátil que tenía montado en la mesa del comedor, lo meto en la mochila acolchada, hago un montón con los papeles que cubren el tapete y los escondo en un cajón donde quizá los encuentre dentro de tres meses cuando ya no me sirvan para nada.

La descripción de Salva ha sido correcta: le doy al botón y, no uno, sino los dos ventiladores se ponen a ver quién da más vueltas. Nada más; el ordenador no da señales de vida. Al menos compruebo que la fuente de alimentación no está rota y que los ventiladores cumplen su función.
En la calle de al lado está la oficina donde trabajan dos amigos que fueron mis compañeros durante 18 años; y tienen cargos de responsabilidad. Me acerco a la empresa con la seguridad del que sabe que la influencia lo es todo en esta vida.
- Víctor, se me ha jodido el ordenador.
- ¡Será desgraciado!
- No, yo he venido a ver si me puedes mandar a alguien que se lo mire. Bueno, que se lo mire y lo arregle.
- Verás… Tengo dos tíos con la gripe A, otro lleva encerrado una semana en la Federación Farmacéutica y…
- Y el lunes hacéis puente. ¿Hace falta que venga el miércoles a recordártelo o te lo apuntas?
- Mejor vienes.
No hay nada como estar bien relacionado.

Con todo, me da tiempo de comerme medio bocata en Superwaiter. Tiene la mirada del perro al que acaban de moler a palos.
- Tío, esto va en serio; a este paso duro tres meses.
- ¡Dichoso tú! A mí cualquier distribuidora puede hundirme en una semana.
Le cuento que este mes es posible que sólo saque para pagar a Salva y no sé si me llegará para arreglar el ordenador.
- Pues te veo tranquilo.
- ¡Y tanto! Tranquilium 5 con el desayuno, Tranquilium 10 con la comida y Myolastan al acostarme. Y encima me va a tocar el gordo.
- Pero ¿juegas?
- ¡No!

Cargo en el portátil la copia de anoche y, mientras Salva come y se pega su siesta, vuelvo a registrar todos los albaranes del día. Ya no me acodaba de lo coñazo que es introducir los albaranes de SADE; como no mandan más que chorradas, casi cada artículo obliga a darlo de alta. Menos mal que, en medio del cabreo, siempre hay algún detalle que ayuda a levantar el ánimo (de ánima, animación, animado). Tres brasileiras (de las que se ven desfilando en los carnavales, o sea, de las que llaman la atención a los cámaras de televisión) se acercan a comprar tabaco.
- ¿Tiene tabaco…? -pasa los dedos gordos de ambas manos sobre los dedos corazón e índice-. ¡Fumo de rolo…!
- No tabaco para liar no tengo. Tengo papel…
- No. Laqui.
- Luqui estrique. Laqui es en americano. En español, Luqui estrique.
- ¡Ah! ¿E fogo?
- ¿Para encender aquí o para llevar?
- No, para llevar.
- Un euro. Bueno, si quieres que encienda, un euro. Si no enciende te sale más barato.
La que lleva la conversación se ríe y me da unos golpecitos en el brazo. ¡Me cago en la leche! Si yo tuviera un montón de años menos, fuera un macho ibérico al uso, no estuviese enamorado y tuviese cara dura ¡anda que no iba a ligar en el quiosco!

Al final llega Salva. No le doy tipo a respirar; en cuanto lo veo salgo meando leches en busca del retrete de Superwaiter. A la vuelta le hago un resumen de encargos resueltos y encargos pendientes y me preparo para marcharme.
- ¿Venden pañuelos? –es una chica con aspecto griposo-.
- Si me quedan sí.
Quedan. Salva encuentra el escondite y sale con un paquetito en la mano.
- ¡Qué harta estoy de mocos!
- No, mujer; si no hubiera mocos ¿de qué íbamos a comer los que vendemos pañuelos?
- ¡Uy, comer de los mocos! ¡Qué triste! ¿No?
- Lo que es triste es "comer mocos", o sea, en complemento u objeto directo. Pero "comer de los mocos" es complemento circunstancial.

Sonríe, se suena y toma calle abajo. Tengo la impresión de que se ha ido sin saber de qué coño le estaba hablando.

miércoles, diciembre 02, 2009

¡Ves, tontica!

Viernes, 27. Aproximadamente a las 5 de la tarde, el Sr. Presidente tomó la palabra. Éramos cuarenta y una personas en la sala, sin contar los que formaban la mesa. El número de asistentes fue en aumento a medida que avanzaba la hora; creo que hacia el final del evento, al menos se había duplicado la cifra inicial.

La asamblea ordinaria fue ordinaria. Lectura del acta anterior, aprobación de las cuentas de 2008, ¿discusión? del presupuesto de 2009… La misma pregunta de siempre:
- ¿Para qué 12.000 € en obsequios navideños? –(en 2008, por este concepto se gastaron 6.182€ y, creo recordar, la cantidad presupuestada era la misma)-.
La misma respuesta de siempre:
- Aquí no tengo los datos; pásese por la oficina y se los enseño.

El informe jurídico fue más o menos como se esperaba:
· Están reclamados los depósitos de Distribarna y Atheneum
· No hay noticias del tema de portes
· El Tribunal de la Competencia considera leal regalar un diario con el café o un café con el diario. Supongo que debería añadir (el tribunal) que si los quiosqueros regalasen una mariscada con el diario seguro que venderíamos más periódicos. Pero ya se sabe: los quiosqueros no tenemos sentido comercial.

El informe del presidente se centró en el fracaso del intento de montar un circuito paralelo de distribución y recogida de publicaciones que no le costase un euro a los vendedores. Con todos mis respetos, lo que allí se dijo es una falacia, que se aderezó intercalando hechos que sucedieron durante el cierre de quioscos y que nada tenían que ver con el intento de prescindir de las distribuidoras. O yo cada día estoy mas espeso mentalmente o el viernes se afirmó que la Asociación se presentó el 25 de junio a recoger las publicaciones de quienes habíamos dado los poderes pertinentes y las distribuidoras se negaron a facilitarlo. A partir de ahí, Marina Press y Logística mandaron a los vendedores cartas o inspectores para coaccionarlos. Los vendedores nuevos, es decir, los que pagan portes, llamaron a la Asociación acojonados desdiciéndose y retirando su apoyo a la iniciativa. Los vendedores antiguos, es decir, los que no pagan portes, mantuvieron su apoyo a la Asociación. En efecto, los vendedores antiguos que no pagan portes no se rajaron: ellos no firmaron ninguna autorización. Yo mismo no firme la autorización para entrar en el reparto gratuito de SGEL puesto que SGEL no me cobra portes. Y hay que decir que debemos estar agradecidos a todos los vendedores que, sin pagar portes, dejaron de vender unas publicaciones para intentar que a mí no me cobrasen tampoco, pero para alabar las acciones de unos no hay por qué vilipendiar a los demás. De los quioscos de mi alrededor, el único novato era yo, y dejé de vender lo que se dijo que no se vendiera, cerré cuando dijimos que había que cerrar y mantuve la autorización hasta que la Asociación dio por finalizada una aventura que, desde el principio, apuntaba al fracaso. Es decir, el 100% de los novatos cumplió. De los veteranos, dos siguieron las directrices de la Asociación, y dos no: 50%. Por tanto, si el reparto gratuito quedó en grado de tentativa porque unos cuantos vendedores nuevos (de los que pagan portes) se cagaron, dígase quienes fueron, pero no se cargue la responsabilidad a “los nuevos” en general.
Pero es que la historia tampoco fue la que se contó. Marina Press y Logística de Medios, además de enviar a sus inspectores a coaccionarnos, mandaron un impreso que debíamos rellenar indicando la matrícula de la furgoneta que debía recoger los diarios y el DNI del conductor. En la Asociación nos dijeron que no firmásemos nada y quedáramos a la espera de instrucciones. Para algunas cosas tengo buena memoria y para otras me funciona el archivo. Transcribo el burofax que la Asociación, siguiendo instrucciones de sus servicios jurídicos, envió a las distribuidoras y nos remitió a los vendedores.

“ Barcelona a 11 de Julio de 2008.
Distinguido Sr.
El pasado 17 de junio del año en curso les comunicamos fehacientemente que en interés y representación de los afiliados a la Asociación Profesional de Vendedores de Prensa de Barcelona y Provincia, cuya relación individual y pormenorizada adjuntábamos acompañando las autorizaciones individuales a tal efecto, pasaríamos a recoger en el almacén de la distribuidora las publicaciones, para su traslado a los puntos de venta, así como a realizar la entrega de las devoluciones de aquellos en el almacén, lo que se preavisaba para empezar a hacerlo efectivo a partir del día 25 de junio. Pues bien, personados el 25 de junio no se nos posibilitó las recogidas de las publicaciones pretextando que no habían tenido tiempo o no disponían de medios para hacer efectiva la dicha recogida y el traslado a los puntos de venta por nuestros propios medios, manifestándonos que se nos avisaría para cuando dicha operativa pudiera llevarse a término. Ultrapasado más que razonablemente el periodo de espera para que se nos satisficiere la puesta en marcha de la operativa aludida, y como fuera que no puede indefinidamente quedar en suspenso la efectiva puesta en marcha de la recogida de publicaciones y entrega de devoluciones, por el presente escrito venimos en manifestar que dejamos sin efecto el requerimiento que se hiciera en nuestra epístola de 17 de junio de 2008 y, a su consecuencia, deben seguir, como hasta hoy, entregando las publicaciones en los puntos de venta y procediendo a la recogida en los mismos de las devoluciones, lo que entendemos que, en todos los casos, ha de efectuarse sin cargo alguno para los vendedores, al ser la dicha actividad de entrega y recogida en el punto de venta parte esencial del cumplimiento de las obligaciones como distribuidor. Reciba un cordial saludo.”

¡Manda güevos!
Creo que los servicios jurídicos responsables de esta redacción ya no son nuestros servicios jurídicos.

Sobre el programa informático se pasó tan por encima que dio la sensación de ir dirigido a quiosqueros. Por los comentarios de quienes lo han visto funcionar, parece que disponemos de una herramienta fiable y de fácil manejo. Con que se cumplan las premisas del informático responsable del proyecto se merece que, cuanto menos, le dediquemos una tarde.
1. Programa diseñado desde el punto de vista del vendedor.
2. Manejo fácil e intuitivo.
3. Base de datos compacta que mantiene su estabilidad frente a apagones y otros accidentes externos.

La Asamblea Extraordinaria fue mucho más interesante.
En primer lugar, el arquitecto D. Moisés Gallego presentó el anteproyecto de modificación del quiosco modelo Condal. Por casualidad, seis meses después de recibir este encargo, el Sr. Gallego fue requerido por el Ayuntamiento de Barcelona con idéntica finalidad. El nuevo quiosco no será nuevo sino una modificación del actual puesto que, en otro caso, la Asociación y el propio arquitecto perderían la propiedad de la patente. Por tanto, el nuevo quiosco, que no será nuevo, adolecerá de los mismos defectos que el actual más los que su modificación añada. El anteproyecto prevé que la anchura del quiosco aumentará 52 cm, será 4 ó 5 cm más profundo y desaparecen los dos mordiscos laterales traseros, uno de los cuales se transformará en buzón. Estará dividido en tres cuerpos (como una iglesia cualquiera): los cuerpos laterales, más estrechos, albergarán las máquinas de vending (a definir según se mueva el mercado) y el equipo informático necesario para emitir los productos que las autoridades autoricen para su venta en quioscos. El cuerpo central, más pequeño que el actual, estará dedicado a productos editoriales. No está definido el formato frontal en cuanto a puertas desplegables (donde ahora ponemos los diarios) o la persiana metálica de cierre donde se puede optar por una sola, dos medias o tres, una por cuerpo. Las puertas deslizantes de vidrio desaparecen y pueden quedar sustituidas por algo similar pero de plástico. Los revisteros laterales que hay en bastantes quioscos no tienen cabida en el nuevo. La parte trasera estará formada por tres mupis completos. Desaparece la vidriera-expositor lateral que vendrá sustituida por otro mupi apto para publicidad. Se pasa, pues, de dos mupis y dos medios mupis a cuatro mupis y medio. El dintel del quiosco albergará una chorrilera de led para emisión de la publicidad dinámica. El quiosco no costará un duro: será regalo de las empresas de publicidad.
Una vez más, se preguntó si se había previsto un lavabo (meadero). Sonrisas conmiserativas. Se invitó al arquitecto a que se pase 12 horas en un quiosco antes de decidir sobre la conveniencia o no de instalar un retrete. Yo podría haber añadido que tuve que cambiar el turno a Salva porque los domingos no tenía donde ir a mear y, alguna vez, me tocó hacer 120 km para que el chico no reventara.
Al margen de cualquier otra consideración, los quioscos de Barcelona están pensados para promocionar la venta por impulso pero en modo alguno se ha pensado en la comodidad del vendedor. Uno viaja por ahí y encuentra puestos de venta que ya los quisiera para sí, y verdaderos bodrios pero, en general, el quiosquero ocupa un recinto cerrado con espacio propio y acondicionado. Acondicionado para abrir en un periquete, acondicionado para cerrar fácilmente en caso de apuro, acondicionado para que los clientes le entren de uno en uno, acondicionado para que no le choricen las revistas, acondicionado para tener aire acondicionado. En Barcelona seguiremos vendiendo diarios en la puta calle; sólo nos falta vocearlos para volver a finales del XIX (el palito está bien puesto).

El último punto del orden del día trató de la renovación de licencias. Andábamos preocupados porque ha corrido el rumor que el Ayuntamiento de Barcelona ofrece prorrogar las actuales licencias en 20 años. A cambio, se quedará con el control de la publicidad y dará al quiosquero un dinero fijo un poco por encima de lo que actualmente ingresa por este concepto. Si los vendedores no aceptan la oferta, el Ayuntamiento sacará los quioscos a concurso público cuando venzan las actuales licencias.
Mientras se mareaba la perdiz, un vendedor dijo haber hablado con Tina Sánchez de Patrimonio del Ayuntamiento y que le había confirmado el rumor: si no hay acuerdo, en 2012 habrá concurso público y libre.
El abogado de la asociación aseguró: “Hay dos tipos de concesiones municipales: licitaciones de obras y ocupación de espacio público. En el primer caso, el Ayuntamiento está obligado a pasar por el concurso público; no así en el segundo. No existe en este momento, ni se prevé, ninguna normativa o ley que pueda hacer que los actuales vendedores pierdan sus respectivas licencias de explotación de los quioscos”.
Desde la mesa se aseguró que se está coaccionando a los vendedores para que cedan sus derechos publicitarios. Alguien preguntó si se podía proceder contra Tina Sánchez; en ese momento contestaba a una pregunta de mi vecino de asiento, pero me pareció oír que sí, que se podría proceder contra esta señora por coacción.

Admito que he pasado varias semanas muy preocupado con el tema; uno ya ha entrado en una edad en que no está para jugar con su medio de vida y dos instituciones me decían que éste estaba en peligro. La solución era tan fácil como preguntar a quien sabe, en este caso, al abogado de la Asociación. Y la respuesta no puede ser más satisfactoria: en modo alguno existe siquiera el riesgo de perder el derecho a explotar nuestro quiosco. Lo demás son infundios.

Me acordé del chistecillo en que una alumna preguntaba a su profesora.
- Senorita, senorita, ¿usted puede quedar embarazada?
- Sí, claro.
- Y mi hermana, señorita, ¿puede quedar embarazada?
- ¿Qué edad tiene tu hermana?
- Dieciséis años, señorita.
- Si, puede quedar embarazada.
- Y yo, señorita, ¿yo puedo quedar embarazada?
- No, mujer, tú no. Todavía eres una niña.
Jaimito, sentado a su lado, le decía.
- ¡Ves, tontica, con el miedo que tenías…!

miércoles, noviembre 25, 2009

Nacionalizar la crisis

Superwaiter empieza a estar nervioso. Al principio de la crisis yo le había dicho: “Tranquilo, Súper. La gente de lo último que prescinde es del tabaco, el periódico y el café”. Ahora, cuando me ve a entrar, pregunta: “Los clientes los tienes tú en el quiosco, ¿verdad?; porque lo que es del café hace tiempo que prescindieron”. Y si le digo cómo llevo la caja, se sube por las paredes: “Eso no lo hago yo en una semana”. Exagera. Y además no tiene en cuenta el margen con el que trabajamos cada uno. Ni que casi el 50% de mis ingresos me los proporcionan el tabaco, la loto, la recargas de móvil y las tarjetas, con una media de ganancias no superior al 3 ó 3,5%. Eso no se lo digo y no por él, que estoy seguro que lo entendería. N lo digo por quienes nos puedan escuchar: no estoy dispuesto a admitir delante de nadie que la crisis me está afectando. Cuando el personal anda en dificultades económicas, jode un güevo ver que otros navegan con buen rumbo. Y como no puedo joder de otra manera…

A pesar de los problemas Superwaiter conserva el humor. Cuando entré estaba, más solo que la una, sentado frente a una de las mesitas del bar, tronchándose de risa. Respecto al Súper soy de costumbres fijas: cruzo el bar como una flecha, meo y, al salir, saludo. Mientras meaba lo oía reír. Salí intrigado.
- ¿Qué te hace tanta gracia?
- Pequeños placeres de la vida. Empiezo a poner en práctica tus enseñanzas y veo que funcionan.
- Vamos, cuenta.
- ¿Conoces al Pep? Seguro que lo has visto. Uno alto, nacionalista él…
- ¡Pufff!
- ¡No, no! Es un buen tío; de derechas. Nacionalista pero de derechas.
- ¿Y?
- Nada. Hablábamos de la crisis y el tío se empeña en echarle la culpa a los emigrantes. Te cuento.

- La culpa es de los andaluces, gallegos y murcianos que, como son incultos, votan al PSOE y Zapatero nos está llevando a la ruina.
- ¿Tú crees? – le digo; y entonces cae en la cuenta-.
- Bueno, perdona, ya sé que tú no eres catalán pero las cosas son así.
- ¿Cómo que yo no soy catalán? ¿Cuántas escrituras tienes?
- ¿Qué quieres decir?
- ¡Eso! –como muy cabreado-. ¿Que cuántas escrituras tienes tú?!
- Yo, ninguna; vivo de alquiler.
- ¿Lo ves? Yo tengo tres escrituras. Tengo más trozo de Cataluña que tú y, por tanto, soy más catalán que tú, ¿lo entiendes?

- Me ha pagado el café y ha salido jurando en arameo.
- ¡Joder, contigo no se puede hablar en serio!

martes, noviembre 24, 2009

Mear en el tiesto

Jueves, 19. Acabo de archivar los albaranes atrasados y la mesa recupera su aspecto de mesa. Todos los papeles que forman la trinchera tras la que habitualmente trabajo, han desaparecido. Sobre el tablero, sólo quedan dos folios.
Cojo el de la izquierda y leo: “El abajo firmante dá su conformidad a la Plataforma Independiente de Quioscos de Prensa de Barcelona, para tratar con el Ayuntamiento de Barcelona la prorroga en la concesión municipal de licencias de los quioscos en la vía pública, que finaliza el próximo día 31.12.2011…”
El folio de la derecha viene avalado por la Asociación Profesional de Vendedores de Prensa de Barcelona y Provincia. “Apreciado compañero: Has de saber que recibirás la visita de unas personas que se dedican a suplantar al Ayuntamiento de Barcelona y a la Asociación. Te harán entrega de un escrito intimidatorio relativo a las nuevas concesiones y diciéndote, que de no firmarlo corres el riego de perderla: Esto no es cierto… todo lo contrario. No se te ocurra firmar ningún escrito. Sería tu sentencia de punto y final…”

Me conecto a Internet y buceo en Google hasta obtener un teléfono del Carrer Avinyó. La persona que me atiende lo hace con sequedad; como si estuviera harta de contestar cada día las mismas preguntas. Aunque contesta con corrección y sus repuestas son concretas y concisas. Interpreto que me lanza los siguientes mensajes:
· La actual concesión de explotación de quioscos en vía pública caduca dentro de dos años.
· Conocedor de las dificultades por las que pasa el sector, el Ajuntament ofrecía ampliar las concesiones en 20 años y, haciéndose cargo de la publicidad, asegurar por este concepto unos ingresos netamente superiores a los que actualmente se perciben.
· Cuando se había llegado a un principio de acuerdo entre el ayuntamiento y los representantes de los quiosqueros, la Asociación Profesional de Vendedores de Prensa dice que no comparte las condiciones consensuadas.
· A partir de aquí, el Ajuntament da por concluido el proceso y,
[al margen de la normativa europea o cualquier otra]* sacará los quioscos a concurso público, como es preceptivo, cuando llegue el momento.
(* La acotación es mía).
· La carta que, con membrete del Ajuntament, corre por ahí es un documento de trabajo que debería haber servido de base para redactar las condiciones de la nueva concesión. Desde el momento en que las negociaciones se han roto, la corporación municipal no avala el documento.
· Cualquier grupo de quiosqueros puede formar una plataforma (o las que les venga en gana) para que recoja firmas a favor de una u otra propuesta. No tiene ningún valor porque el Ajuntament podrá obviar la postura de 4, 10 ó 20 vendedores de prensa, pero, en ningún caso, va a pasar por encima de una asociación. La única opción de reemprender el proceso abandonado pasa porque los quiosqueros “convenzan a Pedro”.

Y hasta ahí sería todo si no fuese porque el lunes me llegó la circular de la Asociación convocándonos para celebrar la asamblea general ordinaria y, a continuación, una asamblea general extraordinaria cuyo orden del día versa sobre el nuevo modelo de quiosco (el proyecto de Moisés Gallego es el mismo que incluía el borrador del Ajuntament), y el qué y cómo negociar con los representantes municipales. Es decir, la junta directiva de la Asociación Profesional de Vendedores de Prensa no considera delito de lesa majestad el que la plebe conozca cómo se gestiona su futuro y hasta, ¡Dios mío!, se le va a permitir a los quiosqueros que expresen su opinión en un debate público.

Conforta comprobar que, a pesar de los ayatollahs, no siempre mea uno fuera de tiesto.